Al tren de la creación de series últimamente se están uniendo muchos directores, ya sea como productores o dirigiendo algún que otro que otro capítulo. Para mí la unión más significante a la escena de la televisión, este pasado dos mil dieciséis, ha sido sin duda alguna Paolo Sorrentino. Llama la atención que un director como él, tan personal y enigmático, haya querido hacer en su obra un inciso, y continuar su carrera de una manera muy poco convencional para los creadores de su clase.

La serie muestra como un Papa bastante rígido para la época quiere imponer su obsoleto pensamiento en los cimientos del Vaticano. The Young Pope es un juego de fuerzas entre los distintos altos cargos de la iglesia; un juego que nos recuerda mucho a esa magnífica serie todavía en emisión: House Of Cards. Pero no son iguales, son dos series que hablan del poder de una forma diferente.

Pero el gran fuerte de la serie no es precisamente la maña de esas luchas internas, que tienen su importancia; su gran fuerte es la profundidad de sus personajes. Sin duda alguna su más terrible y carismático Papa joven, interpretado por un asombroso Jude Law, que hace una de las mejores interpretaciones de su carrera, será lo más cautivador de la serie. Pío XIII es un personaje que tiene razón de ser, es decir, todas las decisiones que se toman tienen un por qué, incluso su naturaleza más rígida y angustiada. Es un enigma al igual que las películas del director, un enigma que poco a poco se va descubriendo.

Cierto es que hay personajes que tienen una profundidad asombrosa, como el cardenal Gutierrez interpretado de manera magistral por Javier Cámara, pero también hay personajes bastantes importantes y que tienen mucho peso en la trama, pero sin embargo no han sido desarrollados suficiente. A mí concretamente me ha pasado esto con la hermana María, interpretada por Diane Keaton. Es un personaje con bastante peso y muy importante, pero a diferencia del Papa Pío XIII u otros personajes, no está tan desarrollado como los otros. Tiene su pasado, sí, pero lo considero insuficiente para el papel que juega. Aún así todavía quedan varias temporadas por delante, y espero que traten a este personaje como se debe, pues puede dar mucho juego.

Si hay algo que llama la atención de Sorrentino es su consolidado estilo. Es uno de aquellos directores que con algunas escenas y diálogos se sabe que es él. Pero parece que en los primeros capítulos de la serie abandona cierta parte de su forma de ser para probar con algo más convencional, dejando de lado su parte más surrealista. Por eso el papa joven parece algo más diferente a películas como “La Gran Belleza” o “La Juventud”. Pero Sorrentino tiene una razón para ello, y es bastante básica, y es que esto es una serie, no una película, sabe que no juega ni con el mismo porcentaje de público, ni con el mismo tipo de público.

Pese a todo esto Sorrentino vuelve a su estilo más notorio a mitad de la temporada; vuelve con su deje de surrealismo y simbología. Y me parece bastante inteligente por su parte, pues una vez el espectador está sumido en su particular modo de entender el cine es cuando estalla, y deja ver a uno de los mejores autores europeos de nuestro tiempo. Puede ser que alguien que no este acostumbrado a este tipo de cine, menos comercial, se vea un poco perdido y fuera de lugar; no del todo, pero se dará cuenta de que esto es algo totalmente diferente a lo que se ha visto anteriormente.

El papa joven no es para todo el mundo, es una serie que se forja a fuego lento en su primera temporada, ofreciendo capítulos en los que la tensión que se maneja es mínima,  esto se compensa con otros capítulos más vibrantes que otros. Haciendo especial mención a los dos últimos, sobretodo el noveno. Me parece una joya.

La recomiendo a todos aquellos que quieran conocer un poco más a Paolo Sorrentino. Aunque es recomendable, antes de verla, haber visto antes dos o tres películas suyas, para disfrutar más la experiencia y no sentirse que es algo extraño y ajeno.

Puntuación usuarios:
Media: 1