En plena crisis por el coronavirus, Netflix decidió regalar una de las pocas alegrías que hay en estos tiempos: el regreso de ‘La Casa de Papel’. La ficción de Vancouver Media volvía para su cuarta temporada o ‘parte’, como la denominan sus propios creadores y lo ha hecho por la puerta grande.

La serie protagonizada por Álvaro Morte, Úrsula Corberó, Alba Flores, Pedro Alonso o Itziar Ituño tenía un duro reto por delante: cumplir las expectativas de sus fans, y a la vez, dar una nueva vuelta de tuerca a una ficción más que acostumbrada al vértigo y a la velocidad en todo su esplendor.

La forma en la que se ha tratado la continuación al atraco de los ladrones encabezados por ‘El Profesor’ (Morte) vuelve a ser de lo mejor de la serie. Continuando con la complejidad de los personajes, los directores vuelven a tocar el trasfondo de una sociedad muy dividida y que se pone de parte de los que, en teoría, son los ‘malos’, los que van en contra del sistema.

Intensidad muy elevada en cada plano

En los ocho capítulos de los que se compone esta ‘parte’, ‘La Casa de Papel’ demuestra por qué es una de las mejores ficciones españolas de la actualidad. Ese punto intenso que ha ido ganado con el tiempo se explota en cada plano, cada escena, cada detalle de los minutos de los que se compone cada capítulo.

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SPOILER: Esta cuarta temporada arranca por donde acabó la tercera: todos pendientes de la vida de Nairobi (Alba Flores), que fue tiroteada por francotiradores de la Policía Nacional, a la espera siempre, al acecho de los movimientos de esta banda, que entró para un atraco y se ha convertido en una auténtica guerra.

Giros y vueltas de tuerca constantes

Dentro de esa intensidad, se pueden observar los matices, los contrapuntos que tienen cada uno de los personajes. Nada ni nadie es lo que parecen. Por ejemplo, Alicia Serra (Najwa Nimri), una de las incorporaciones más potentes de la tercera temporada y que ha sabido hacerse con su espacio propio en medio de un reparto potente.

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Se explota en esta parte los contrastes de esta fría inspectora, capaz de lo que sea e incluso explora más allá de los límites de la legalidad para conseguir lo que quiere, amparándose en que es lo que hay que hacer, y llegando a apremiar a su superior, el coronel Tamayo (Fernando Cayo) para ello. Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. En esta parte, se puede ver a la Sierra más humana, a medida que van avanzando los capítulos se puede observar que se erosiona, que se parte un poco en varios pedazos, sobre todo a la hora de descubrir detalles de su vida personal, algo que guarda con mucho celo.

Argumentos exploradores y explosivos

Mientras, hay que detenerse también en los guiones, esa parte que en muchas ocasiones no se aprecia, pero que es lo más importante a la hora de elaborar una buena serie, como es este caso. En esta cuarta parte, los responsables de escribir los guiones se reinventan una vez más para ver que todo se puede complicar en cualquier momento y que nadie se puede fiar de nadie (no contamos más…).

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De esta forma, se permite más libertad a los actores, que constantemente sacan a relucir todas sus emociones, demostrando que hay muchos viajes dentro de los capítulos, es decir, que no son planos, que no empiezan y acaban de la misma manera, y ese es uno de los puntos fuertes de ‘La Casa de Papel’.

Interpretaciones magistrales

Las interpretaciones son otro de los grandes detalles de la serie. Morte, Ituño, Corberó, Alonso, Flores, Nimri, Cayo… Son solo algunos de los nombres que aparecen, pero no todos, y ese es uno de los grandes puntos fuertes con los que cuenta la ficción, ahora una de las grandes apuestas de Netflix.

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La forma que tienen de contar la historia, de no quedarse en la superficie es otro de los motivos por los que la gente está completamente enganchada a ‘La Casa de Papel’. El luchar, el pelear por los que quieres, el no rendirse nunca… Eso está en el ADN de estos personajes, que se han hecho un hueco en la historia de la televisión en España.

Un ‘must’, un reto muy complicado

Concluyendo, ‘La Casa de Papel’ y sus creadores han conseguido algo que muy pocos han hecho. Convertir una serie en un auténtico fenómeno global. Todo el mundo está pendiente de los atracos, y eso es una de las fortalezas y los puntos fuertes de una serie que, a pesar de todo lo bueno que tiene, siempre deja con ganas de más.

Puntuación temporada cuatro: 9/10