The End of the F***ing World es una serie británica de Channel 4, que ha tenido la suerte de obtener un reconocimiento global gracias a la distribución del gran gigante rojo, Netflix. Su título bebe directamente del texto original, las novelas gráficas de Charles S. Forsman. El género que predomina por excelencia es el dramedia. Una inteligente apuesta que se hace un hueco entre las comedias románticas y los contenidos adolescentes convencionales.

Esta historia narra las vivencias de James (Alex Lawther), un joven que cree ser psicópata debido a su insensibilidad frente al dolor y las emociones. Hastiado de asesinar animales, persigue su objetivo de acabar con una presa mayor. Aquí aparece quien será su compañera de viaje, Alyssa (Jessica Bardem), una adolescente con un fuerte y defensivo carácter personal, que no guarda respeto a las cosas de los demás.La incomprensión que sienten por su familia y dentro del instituto, les impulsa a iniciar su propia aventura en el mundo de los adultos.

La apuesta por un formato de 8 episodios con una duración media de 20 minutos cada uno y sus cliffhanger la hacen muy ligera y agradable de ver de una sentada. No pretende ser un texto transgresor. Es una miniserie sencilla y directa, carece de secuencias opacas.

Una apuesta muy posmoderna

La posmodernidad es una de las características que mejor nos ayudan a dibujarla. La voz en off es una herramienta que lo define, utilizada continuamente para entender la psicología de ambos personajes y  a la vez, crearnos incertidumbre acerca de los futuros actos de los mismos. Se trabaja en varias ocasiones un texto autorreferencial, el metacine. Otro elemento posmoderno es el uso de flashbacks, a través de los cuales, nos ilustran el pasado de nuestros personajes y de mala manera, nos hacen entender su personalidad.

Otro rasgo de la posmodernidad es un mayor cuidado por la forma que por el contenido. La historia es sencilla, predecible y servida de clichés. Por otra parte, la fotografía y la estética, están sorprendentemente cuidadas. La banda sonora que le acompaña es rompedora y sin duda es otro elemento que completa la identidad gráfica de la serie.

De izquierda a derecha (Alex Lawther y Jessica Bardem)
De izquierda a derecha (Alex Lawther y Jessica Bardem)

En lo concerniente al tratamiento de los personajes, la dosificación de información que se lleva a cabo es muy inteligente. Desde un primer momento, creemos saber cómo es la psicología de los personajes de James y Alyssa, tras su propia introducción en el episodio piloto, pero no. Su personalidad se mantiene, pero no su carácter. La relación entre ambos les enseña no solo a conocerse el uno al otro, sino a ellos mismos. Su evolución es mínima. Asimismo, sorprende la interpretación de ambos personajes, los cuales añaden un granito de arena que les distingue de caer en estereotipados perfiles.

A pesar del tratamiento surrealista y estilizado de la historia, no queda lejos de la realidad. Al fin y al cabo, ambos personajes acaban viéndose superados por las circunstancias. Es inevitable caer en la tentación de recordar esta referencia cuando veamos las primeras imágenes de Lady Bird, una de las oscarizadas cintas indies de la temporada.

En definitiva, que no nos engañen. La fugaz aventura de delincuencia que viven y sus constantes evasiones en coche es una posmoderna adaptación de la pareja veinteañera Bonnie & Clide. Entretiene dada su reducida duración, pero tampoco aporta nada nuevo. Algo que no sorprende en un contexto de masificación de contenidos por parte del gigante rojo.

Puntuación: 6/10

Puntuación usuarios:
Media: 3