Admito que tengo una mirada muy particular a la hora de ver una película. Soy muy minucioso, demasiado técnico, analizo plano por plano. No todo me satisface en el cine, exijo mucho de una película, le pido demasiado. Y lo que suele pasar es que nunca o casi nunca las películas dan lo que pido, muy pocas películas lo han hecho. No todo el mundo comprende que sea así. Cuando salgo del cine y veo a la gente maravillada con una película, ahí estoy yo, sacando los “peros”, y desilusionando a más de uno con mi opinión. Pero es que no lo puedo remediar. Para lo que algunos es una sonrisa, para mi es una mueca. Y a veces ni eso.

Durante un tiempo me detuve a pensar seriamente por qué tenía esa actitud frente al cine o cualquier película. Si realmente merecía la pena ser así, tan crítico. Yo disfrutaba, lo prometo. Aún así tenía mis dudas, parecía que la gente disfrutaba más, y que yo era algún creído que había visto demasiado para verse satisfecho.
Pero fue entonces cuando una película se topó en mi camino: Lost In Translation. Fue de casualidad, en un vídeo de YouTube. Me atrajo la idea de que se presentase como una historia de amor diferente. Y así fue para mí, una película diferente. Una película que había roto todos mis esquemas técnicos y cinematográficos. Una película que está dirigida por Sofia Coppola, una directora de los más normal -de la que sólo he visto esta película-, pero joder, que bien lo hizo. Por lo menos en mí. Esas miradas entre los personajes, los susurros, la forma en la que empatizo con ellos, sus historias y su forma de hacer especial el concepto del amor. Me cambió completamente, vi las cosas de otra forma. Comprendí al fin algo que había tardado mucho tiempo en hacerlo: una película que no es perfecta te puede emocionar. Y lo hizo. Tengo que decir que es la primera vez que lloraba con una película, y sigo llorando cada vez que la veo.

foto-1-42.jpg

Encantado con lo descubierto, le digo a todo el mundo que la vea, que es maravillosa. Cuando la ven, me doy cuenta de que no han sentido lo mismo, al contrario, han sentido decepción, aburrimiento, indiferencia, y un sin fin de sentimientos negativos. En ese momento fue cuando esta película me dio una segunda lección: no todo el mundo disfruta igual. El hecho de que sea tan duro como una roca en cuanto a cine se refiere, creo que ayudó a que me impactase tanto. Como he dicho antes, me rompió los esquemas. Y estoy más que seguro que si fuera menos duro en mi criterio, esta película me habría causado una caída de cien metros en cuanto a impresión, no una caída de más de cien kilómetros.

Seguramente la veáis y no os guste. Lo comprenderé, no todos tenemos los mismos gustos ni sentimos igual con el arte. Lo que si que tengo claro es que Lost in Translation ocupará un lugar especial en donde sea que se guarden esas obras que te marcan. Tampoco voy a cambiar a la hora de ser tan crítico, sé que es muy difícil encontrar algo que me encante. Pero cuando lo hace, vaya sensación.