Taboo es el título concedido al nuevo virtuoso trabajo de Steven Knight (Peaky Blinders). Firman como creadores de la propia serie el mismo Steven, el camaleónico Tom Hardy y Chips Hardy, padre del actor. Para la confección de esta obra se ha llevado a cabo un régimen de coproducción britano-americana, en la cual han participado los canales de la BBC y FX respectivamente. HBO ha sido la plataforma encargada de la distribución del contenido en nuestro país. Planteada como una miniserie, este drama cuenta con ocho episodios.

Con un guion original escrito por el mismo Tom Hardy, nos cuenta su historia a través de James Keziah Delaney, un intrépido explorador que en su cometido de viajar al continente africano, es dado por muerto. Esto no resulta ser así y vuelve a la colonialista Inglaterra de 1815 en aras de recuperar la herencia de su padre.

A nivel de casting, la serie cuenta con un reparto digno de envidiar. Además de la participación de Tom Hardy a cargo del papel protagonista, cuentan con la interpretación de unos increíbles David Hayman, Jonathan Pryce y Oona Chaplin entre otros.

En este análisis, me centraré en gran medida en el tratamiento del personaje encarnado por Tom y el aspecto visual de la serie. En primer lugar, podríamos coincidir si afirmásemos que el personaje está formulado por y para Hardy. Un personaje lleno de secretos, sus marcadas cicatrices nos muestran a un hombre castigado por el pasado. El personaje de James está perfectamente caracterizado, es completamente un muerto en vida. Como enuncian en una secuencia del episodio piloto con su llegada: “se ha abierto el infierno”. Con un sombrío y elegante sombrero de copa se pasea a un ritmo inquietante por las calles de Londres.

La banda sonora hace que tiemble el suelo con una acentuada melodía compuesta por Max Richter (Shutter Island, The Leftovers) que casi se ha convertido en el leitmotiv de sus pesados pasos. La actitud del personaje es totalmente fría,  un hombre de pocas palabras que nos enardece con sus escalofriantes “buenos días”. Será tachado de salvaje y de ladrón, que sin más reparo, lo reconocerá. Su espantosa experiencia en su misión por África le convierte en una persona sin corazón. Su herramienta de poder es el miedo. A diferencia de la gran mayoría de producciones, esta no busca una justificación moral del protagonista con opción a una posible redención del personaje. Es una propuesta en ocasiones desagradable pero altamente atractiva. El poder que goza el personaje de James es el culpable de nuestra atracción por él. Como elemento narrativo, los tatuajes cobran significado (Prisión Break, Spotlight).

En lo que al aspecto visual concierne, es un trabajo muy ambicioso. Luce de un diseño de producción magnífico, la recreación de la época está muy conseguida. Como de costumbre en los trabajos de Steven Knight, la fotografía es excelente. El tratamiento de la luz, el formato de imagen y la composición de la misma, logra un look muy cinematográfico. El responsable de este increíble aspecto visual es el inglés Mark Patten (Morgan). El cuidado y la justificación de la iluminación otorgan verosimilitud y realismo a la historia. Realmente es una buena oportunidad para deleitarse con esta virtuosa fotografía.

Con un suculento final de temporada, espera el estreno de su segunda temporada el próximo año gracias a la gran acogida por parte del público y de la crítica. Mi experiencia con la serie ha sido muy positiva, me ha llamado mucho la atención no sólo la calidad de la imagen o el tratamiento del personaje, sino la estremecedora mezcla de sonido. Hasta el último episodio se reserva un misterioso clima que envuelve al personaje. Muy recomendable.

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Media: 2.3