Si hay algo que nos encanta a los cinéfilos es descubrir una referencia cinematográfica.

Nos llena de orgullo, pues creemos que sabemos mucho de cine. Últimamente es un recurso muy utilizado el acudir a cintas más antiguas para poder insertar un plano igual o parecido que nos haga relacionar una película con otra. Incluso hay películas que son puras referencias. Un gran ejemplo de esto son las referencias que aparecen en La La Land:

Sin duda alguna el que se lleva la palma en esto de las referencias es Tarantino; en cada película suya podemos encontrar más de cinco a diferentes obras de culto. Su Opera Prima, Reservoir Dogs, es básicamente una referencia entera de City on Fire, una película de Hong Kong muy poco conocida. Su aclamada Kill Bill, coge sin duda alguna muchas escenas y partes de la historia de Lady Snowblood, una cinta japonesa. Y hasta tiene en Los Odiosos Ocho una referencia a su primera película ya mencionada, haciéndose un homenaje a él mismo. Os dejamos un pequeño documental de TCM sobre Tarantino en el que se explica muy bien la influencia de otras películas en su cine,

No creo que esté mal hacer referencias (si es que hay algo en el cine que se pueda considerar hacer algo mal), al contrario, enriquece a la película, casi obligando al espectador a dar más de sí, y conocer inevitablemente más historia del cine para poder disfrutar de la película en toda su gloria.

Pero no todo en cuanto a una referencia es bueno. Muchas veces las películas se convierten en una sucesión de referencias sin sentido, que están forzadas en la narración. Y es entonces cuando la referencia pasa de ser un recurso de enriquecimiento a un recurso de egocentrismo, de demostrar que sabes más que nadie, que sabes mucho de cine. El director ya mencionado peca en numerosas ocasiones de ello en varias películas suyas.

Una referencia tiene que ser coherente, debe de tener sentido y, sobretodo y más importante, debe de ser sutil. No hace falta mostrarla en todo su esplendor, ni decirla en una entrevista. Simplemente debe de estar ahí, como un plano más en una película y que sin ese plano no se podría entender la historia, pero que el director ha querido plasmarlo de una manera para homenajear así a la gran historia del cine.