Mía y el León Blanco emociona, y sorprende

He de admitir que cuando fui al cine a ver Mía y el León blanco, no esperaba que esta película, de producción francesa, me emocionara tanto como lo hizo. Sí, puede que pienses que es una exageración, una hipérbole u otra figura literaria, pero siento decirte que para nada exagero, y es que este largometraje que ha pasado un tanto inadvertido por el mercado de exhibición español (al no ser una película hollywoodiense), logra transmitir unos sentimientos, y unos mensajes tan potentes, que consiguen conmover al espectador hasta tal punto de dejarlo K.O (aunque también dependerá de la sensibilidad del mismo).

Descubriendo Mía y el León blanco

Mía, una niña de 11 años que, tras cambiar su lugar de residencia se ve forzada a adaptarse a un mundo totalmente nuevo pata ella, encuentra su mayor apoyo en Charlie, un cachorro de león blanco nacido en la granja de leones que tiene su familia en Sudáfrica. Durante tres años, Mía y el león blanco crecerán juntos y desarrollarán un estrecho vínculo.

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Cuando ella cumple 14 y Charlie se convierte en un hermoso león adulto, Mía descubrirá la verdadera y oscura finalidad de la granja, muy distinta a la que anuncian los carteles turísticos. El trágico final que deparará a este felino hace que Mía y Charlie emprendan un viaje a través de la sabana (o lo poco que queda de ella) en busca de una tierra donde el animal pueda vivir en libertad.

¿Mía y el León blanco es una película para niños?

Aunque el trailer y las diversas sinopsis oficiales se enfoquen en vender este largometraje como una película especialmente dirigida a niños, he de decir que Mía y el León blanco va más allá de eso. Contenta al público infantil y al adulto. Cada uno se quedará con unas de las capas temáticas tratadas: los niños con el poder de la amistad, del cuidado de los animales, de la naturaleza. Y el público más adulto con la denuncia de la cruda realidad vivida por estos felinos y que veremos a continuación.

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Ficción para luchar contra una realidad

A través de Mía y de su inocencia, descubriremos el oscuro secreto que hay detrás de estas granjas de leones publicitadas como refugio para estos animales, y es que en realidad, y de donde proviene gran parte de su financiación, es de la cría y venta de estos animales a cazadores furtivos, para que estos negocien con turistas, los metan en un recinto cerrado y los disparen a sangre fría, a cambio de una suma de dinero y una foto con su trofeo.

Gilles de Maistre, el director de la película, se planteó abordar este tema de dos formas distintas: desde la ficción y desde el documental. De Maistre tiene una amplia filmografía en este segundo género. Por lo que al principio se planteó hacer un documental sobre esto, pero tras reflexionarlo, llegó a la conclusión de que lo mejor sería contar esta situación a través de la ficción, ya que es una forma de llegar a un público más amplio.

Nada de CGI, los leones son reales

Una de las cosas que más llaman la atención es que todos los leones que aparecen en la película ¡son reales! Estos leones provienen de una reserva que se dedica a rescatarlos de estas falsas granjas y darles la vida que se merecen, lo más lejos posible de estas  mafias organizadas que se lucran a costa de matar leones.

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Esta película se rodó en tres años, cómo se puede ver en la evolución física de Mía y de Charlie. El vínculo que se muestra entre Mía y Charlie en la película es tan verdadero como la vida misma, y es que desde que nació el león, Daniah De Villers, la actriz que interpreta a Mía, ha estado a su lado. Este proceso contó con el asesoramiento y la supervisión de Kevin Richardson, “el encantador de leones”. Richardson fue una pieza clave dentro del set, se encargaba de supervisar toda la interacción entre animales y personas para evitar cualquier riesgo.

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Como curiosidad decir que durante las escenas de Mía con el león, todo el equipo debía permanecer, y por lo tanto trabajar, desde jaulas. Tal y como asegura De Maistre “en ningún momento hubo peligro” para la niña, dado su vínculo especial con el león blanco.

Mía y el León blanco se desarrolla a través de la sencillez, sin ningún tipo de efecto y de forma muy natural. Destacar la valentía del director, Gilles de Maistre al optar por una historia que se sustenta en niños y animales, y es que, como dicen algunas figuras del cine (entre ellas Hitchcock), no hay nada más difícil que trabajar con niños y animales.

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Por todo esto, la película, y los valedores de la misma, se merecerían un reconocimiento al conseguir mostrar todo lo que han mostrado en esta situación nada cómoda para los creadores de historias. Sin duda una película muy recomendable, llena de valores y que conseguirá llegarte a lo más hondo a través de los ojos y de la inocencia de Mía, que como el espectador, se ve sumergida en un entorno nuevo para ella.

Puntuación: 8/10

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Media: 5