La Doctora de Brest es la película que tiene el honor, o el inconveniente, de inaugurar la 64 edición del Festival Internacional de San Sebastián.

Inconveniente ¿por qué?, quizás porque recae encima de ella mucha responsabilidad, como pelicula de inauguración se espera mucho, sin embargo esta “se hace esperar”.

David contra Goliat es el principal argumento de la película, obviamente “pasado por un pasapuré al estilo francés” del que sale esta película (protagonista femenina, que ostenta un buen cargo y que, a demás de ejercer un papelazo como madre, también lo hace como profesional) , que por cierto esta basada en un caso real protagonizado por Irène Frachon, una neumóloga, que, tras observar en varios de sus pacientes una dolencia, que acaba produciendo la muerte, y tras una larga investigación, acaba determinando que está es producida por los efectos secundarios de un conocido fármaco que promete “combatir la diabetes sin ganar un solo kilo” y que para el colmo está financiado por la sanidad pública. Ella luchará, anteponiendo su vida privada incluso, por el bien de sus pacientes.

Irène Frachon esta interpretada por Sidse Babett Knudsen (Inferno), y que, pese al guión, consigue llenar la pantalla con su presencia. Los actores secundarios también muy buenos, mención especial para Benoît Magimel, que interpreta al Dr. Le Bihan, y a Isabelle De Hertogh, que da vida a una de las pacientes de la doctora Frachon.

Actriz y directora en la rueda de prensa de la 64 edición del Festival Internacional de San Sebastián

El guión tiene varios puntos débiles, uno de ellos es que pretende introducir la comedia en situaciones complicadas, pero esto lo hace de forma exagerada, y sin gracia alguna, a veces parece hasta absurdo. El segundo error, desde mi punto de vista, son las innecesarias, y numerosas, secuencias en las que se ve como despiezan a cuerpos recién salidos de la morgue sin pudor alguno, perfectamente se podría  hacer una secuela titulada “La charcutería de Brest”

Una de las grandes pegas que se le puede poner la película, y que para mí es la más importante, es lo pesada que se llega a hacer (126 minutos). Muchas veces parece que ha terminado, y justo cuando estás pensado “menos mal”, “¡pumba!” la directora te regala otra escena en la que vuelve a ocurrir lo mismo. Si en este aspecto se hubieran contenido un poco, la Historia podría haber sido más llevadera.

Conclusión, una película amable.  Para ver una tarde de domingo tranquilito en tu casita, en invierno y con una mantita a ser posible.

Puntuación: 4,6/10


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