¿Quién mueve los hilos?

Chad Stahelski vuelve a ponerse al frente de otra entrega de la exitosa saga de películas: John Wick. El director demuestra por tercera vez, que se pueden escribir relatos para cintas de acción como si fuesen coreografías de un atractivo y frenético baile.

Esa forma de mostrar cada puñetazo, llave y disparo con planos abiertos y sacándole todo el potencial a un Keanu Reeves resucitado, no denotan otra cosa que virtuosismo.

Me sumo a todos esos críticos que alaban la capacidad para no perder el ritmo en la saga y superarse en cuanto a creatividad en la puesta en escena y en la ampliación de un universo que, más que condensarse, experimenta una ampliación que parece no tener fin.

Imagen de la película John Wick: Chapter 3 - Parabellum
Imagen de la película John Wick: Chapter 3 – Parabellum

Baba Yagá

Sigo aplaudiendo a John Wick. Uno de sus mayores méritos es el de conseguir innovar en un mundo en el que todo parece tener un precedente.

El universo del personaje nos saca de dudas. Estamos en una distopía. Da la sensación de que el mundo está creado para los sicarios. Mires donde mires, habrá uno esperando el mensaje que le dé la orden de ejecutar a nuestro protagonista.

La primera entrega ya lo tenía todo para convertirse en una obra icónica: la muerte del perro como detonante, el hotel sagrado de los sicarios, los subtítulos con vida, la vestimenta, el coche… Todo símbolos. Todo creado para crear un recuerdo y perdurar.

Cambios

En Parabellum, han decidido dar un paso más y ampliar el mapa en el que se movían los personajes. Ya no estamos solo en Estados Unidos, El Continental se abre al escenario internacional y los villanos crecen en número e intensidad.

Imagen de la película John Wick: Chapter 3 - Parabellum
Imagen de la película John Wick: Chapter 3 – Parabellum

Cierto es que la historia nunca fue el punto fuerte de la saga, pero han sabido conectar los puentes que ellos mismos trazaron para unificar el legado Wick. Salvo varios aspectos que pueden agradar tanto como disgustar.

En primer lugar, vemos una película que no se trata tan en serio a sí misma. El humor marvelita salpica el guion, sirviendo como una suerte de risas para unos y manchas para otros. Me explico, sabemos que Wick es un hombre de pocas palabras que no está para muchas bromas, pero parece que en esta tercera parte saca su lado más charlatán y granuja (llega a bromear, sí).

En segundo lugar, reconocemos a antiguos secundarios que demuestran que su papel era algo más que un cameo infundado. No hay más que ver a Winston o King, que representan mucho más de lo que se nos ofrecía en un primer vistazo.

Puntuación: 7´5 / 10.

La gente aplaude con las muertes, y eso es divertido.

Antes de irme…habrá cuarta parte…y quinta…y sexta…y eso…. es divertido.

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