Superando el cine palomitero de terror

El cine de terror se encontraba en uno de sus peores momentos. Incluso en los videojuegos, “el susto”, se convirtió en el principal objetivo. Tuvimos títulos como Five Nights at Freddy´s que llevaron el jumpscare al siguiente nivel, pero la pregunta es: ¿una película de terror tiene que hacerte saltar de la silla? Mi respuesta es un claro no. Es más potente y efectivo mantenerte aferrado a ella.

Vivimos en la era del fenómeno James Wan (Saw, Expediente Warren), un autor que tuvo grandes obras, pero a su vez condujo el género hacia un acantilado de desesperación. Por suerte, el cine tiene memoria y vuelve a sus orígenes con películas como Déjame salir, una obra que acoge rasgos hitchconianos y convierte la tensión en el elemento controlador. Si volvemos a los videojuegos, recordaremos el magistral Resident Evil VII, en el cual, el jugador no se siente tranquilo ni con el cargador del rifle al completo.

John Krasinski en A quiet place
John Krasinski en A quiet place

El sonido crea el espacio

John Krasinski (The office) se atreve con una obra de terror /ciencia ficción complicada. El miedo reside en aquello que desconocemos  y uno de los elementos primordiales en el género, es el uso del sonido. El director basa el concept de su película en este elemento. Por contraposición, el silencio es clave en la construcción de una atmósfera inquietante.

La historia habla de un futuro postapocalíptico en el que unas criaturas ciegas, cazan a la humanidad a través del sonido. Krasinski introduce conflictos que refuerzan la idea y la llevan a un nivel superior. Los protagonistas son una familia que huye del pasado y de este indeseable futuro. Una de las hijas es sorda y además, su mujer está embarazada. Todos sabemos lo que eso significa. Embarazo= bebé= llanto= ruido. Además, uno de los aciertos de la cinta reside en el empleo de planos sonoros subjetivos. Cada vez que se encuadra a la hija, el espectador entra dentro de su mundo y lo percibe de la misma forma.

Respecto al ritmo

A priori, una película en la que los protagonistas no hablan (ya que esto constituye una amenaza), puede parecer complicada de afrontar, por lo que el uso de la banda sonora aporta un ritmo que hace más llevadera la trama. Por otro lado, es cierto que prescindir de este recurso podría haber propiciado una mayor inmersión en esta marcada atmósfera.

Se oye mucho aquello de que hay filmes que deben verse en el cine. Este es uno de esos casos. Ya no es sólo la mezcla de sonido, sino el hecho de verla a oscuras y prestar tus cinco sentidos a favor de la experiencia.

Puntuación: 8 / 10.

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Media: 3